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SIETE FRAILES ARTERAMENTE ASESINADOS EN MOSTAR (en el río Neretva flotaban los cuerpos muertos de los franciscanos)

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Los partisanos se llevan y matan a los frailes en Mostar

Frailes en Mostar

Según los datos publicados, desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial en 1941 hasta su finalización en 1945 en la Provincia Franciscana de Herzegovina de 231 frailes quedaron apenas 61 de ellos. Ellos continuaron viviendo bajo el poder comunista que los perseguía y arrestaba, de tal manera que hasta la Guerra Patria por las cárceles pasaron unos 90 franciscanos.

Mostar, 14 de febrero de 1945. Ese fue el día de la entrada del ejército partisano a Mostar. Ese mismo día en horas de la noche los partisanos irrumpieron en el convento franciscano, eligieron a siete franciscanos, se los llevaron y los asesinaron. Entre aquellos frailes que fueron dejados en el convento, y sobrevivieron, estaba también fray Gaudencije Ivančić (Grabovica, 1900 – Humac, 1986.). Él el 13 de febrero de 1986, poco antes de morir, recordando los tristes hechos sucedidos en Mostar en febrero de 1945, le dictó sus recuerdos a fray Jozo Vasilj en el convento de Humac cerca de Ljubuški.

El testimonio de fray Gaudencije es particularmente valioso pues él fue testigo ocular de todo lo que sucedió en el convento todo hasta el momento en el que se llevaron por la fuerza a sus cohermanos, pero también porque fray Gaudencije al día siguiente con fray Pavo Dragićević fue hasta los representantes del nuevo gobierno y buscó a sus cohermanos, sobre lo cual también da testimonio.

En la continuación de este texto, que preparó monseñor Tomo Vukšić, vicario castrense en Bosnia y Herzegovina, traemos las partes más importantes del testimonio de fray Gaudencije Ivančić que más tarde fue condenado por las autoridades comunistas a 10 años de cárcel, de los cuales pasó 6 en prisión. 

Irrupción de los partisanos en el convento y como se llevaron a los frailes

Recordando la tragedia de los siete miembros de la Provincia Franciscana de Herzegovina que sucedió el 14 de febrero de 1945 en Mostar, fray Gaudencije dice: “Fue así: nosotros estuvimos una semana entera en el sótano. Habíamos trasladado las camas al sótano para estar seguros de los bombardeos. Después de una semana ellos vinieron antes de la puesta del sol. Ellos conquistaron Mostar. Vinieron al convento.

Nosotros estábamos en la sala de reuniones, salimos del sótano y estábamos en la sala de reuniones. Encendieron el fuego y se calentaban. En el sótano estaba bastante frío, y también nos cansamos de estar allí una semana. El guardián, fray Grgo Vasilj, estaba al lado de la estufa y rezaba el rosario. Nos quedamos conversando en voz baja y estábamos en una especie de espera. La sala de reuniones estaba en la planta baja – allí hoy está ubicada una parte de la biblioteca del convento.

Y de golpe en la sala de reuniones aparece un oficial con un soldado, el oficial pregunta: ‘¿Están todos aquí? ¡Seguro que falta la mitad de ustedes!’ El provincial, el difunto fray Leo Petrović responde: ‘Más o menos la mitad.’ El oficial da la orden: ‘Todos se van a quedar aquí hasta mañana.’ No me acuerdo si eso fue el 13 o el 14 de febrero de 1945 pero en todo caso fue a la tarde antes de la puesta del sol y hacía bastante frío. El provincial, fray Leo, se dirige al oficial: ‘¿Podría ser eso un poco diferente?’ ‘¿Cómo diferente?’ – pregunta el oficial. ‘Estuvimos una semana en el sótano, y nos cansamos de eso. ¿Podemos salir un poco al aire libre?’ El oficial acepta: ‘¡Bueno, que así sea!’

Entonces el oficial nos anotó a todos. Fray Leo dictaba los nombres y apellidos. Cuando la lista estuvo lista, el oficial dice: ‘¡Ahora quédense aquí! Nosotros vamos a volver en un plazo de dos horas.’ El oficial se fue, y lo dejó con nosotros al soldado con el arma automática. El soldado tenía opanci (mocasines balcánicos) con pico romo.

Después de dos horas vuelve el oficial acompañado por varios soldados y comienza a tomar lista. Separa a unos de un lado y a otros del otro lado. Era la hora de la cena. A un lado llamó a nueve y tuvieron que quedarse allí, y a nosotros los demás nos permitió que fuésemos a cenar al comedor, es decir abajo donde también ahora está el comedor. No recuerdo en qué orden llamó a aquellos que tuvieron que quedarse. Esos eran: el provincial fray LEO PETROVIĆ, el guardián fray GRGO VASILJ, fray JOZO BENCUN, fray RAFO PRUSINA, fray BERNARDIN SMOLJAN, fray KAZIMIR BEBEK, fray NENAD PEHAR, fray ZLATKO SIVRIĆ y fray DARINKO BRKIĆ. Los llevaron al pasillo. Comenzó una conversación entre el oficial y estos frailes. Oí las palabras del oficial: ‘Ustedes huyeron de nosotros.’ El difunto fray Zlatko Sivrić dice: ‘No huimos.’ Sacó un papel, un permiso del Departamento para la Protección del Pueblo, y se lo extendió al oficial. Ese era un permiso para fray Zlatko y para fray Darinko Brkić para poder ir a Ljubuški. ‘Pero, ¿quién les dio esto?’, se asombra el oficial. ‘Pues ve de quién es la firma’, responde fray Zlatko. El permiso lo dio un tal Zovko llamado ‘Ćakan’. El oficial permitió que también ellos dos, fray Zlatko y fray Darinko, vayan con nosotros a cenar al comedor. Los otros siete fueron retenidos con los soldados guardias, y el oficial se encaminó abajo con nosotros hacia el comedor.

Antes de cenar rezamos. Al oficial como invitado lo pusimos en el lugar del provincial. Cuanto recuerdo se llamaba algo así como Popadić – Branko Popadić. Estábamos nerviosos, preocupados y deprimidos. Para cenar había judía con chucrut. Yo servía. Recuerdo, como si hubiera sido hoy, las palabras del oficial: ‘Uh, como me gusta el chucrut.’ Le preguntamos que iba a suceder con aquellos siete. Respondió que no nos asustemos de nada, que solamente los iban a llevar a un interrogatorio. Cuando cenamos, el oficial se fue arriba y envió a los soldados guardias abajo a cenar. A los siete frailes retenidos no se les permitió cenar. – Siete soldados vinieron al comedor. Yo los servía. Me parece que entre ellos había también un oficial. Durante la cena no hubo conversación. Todo fue de alguna manera apurado. Cuando cenaron volvieron nuevamente arriba y se llevaron a los siete frailes mencionados a un rumbo desconocido para nosotros. Cuanto pudimos saber después, hacia Stari Čekrk – hacia el río Neretva. Algunos decían que, por lo menos algunos de ellos, fueron llevados hacia Široki Brijeg, de lo que tengo mis serias dudas.

Al día siguiente el difunto fray Pavo Dragićević y yo fuimos al Comando del lugar. El mismo estaba ubicado en la calle (no me acuerdo como se llamaba) Cernica en donde Martin Suton tenía su taller. Entramos fray Pavo y yo a lo del comandante, me parece que tenía el grado de capitán. Fray Pavo dice: ‘Anoche se llevaron a nuestros hermanos y no sabemos qué pasa con ellos.’ Fray Pavo le dicta a él los nombres y los apellidos de los que se llevaron, y él anota. Fray Pavo le pidió que nos diga o nos informe qué pasa con ellos, es decir con los siete que se llevaron. La respuesta fue: ‘Cuando yo lo sepa, les voy a avisar.’ No obstante, nunca nos avisó.

Cuando salimos de allí, fray Pavo y yo conversábamos sobre cuán oportuno sería que vayamos también al Departamento para la Protección del Pueblo y les digamos lo que pasó anoche en nuestro convento. Llegamos a la conclusión de que no tenía sentido ir, y hablando sinceramente, teníamos un poco de miedo de ir allí, y volvimos a casa.

Unos cuantos días después de eso vinieron algunos (me parece que eran de Rodoč) y dijeron que el río Neretva expulsó a uno de los frailes en Bišća. Ellos también lo enterraron, cerca del río Neretva. Un poco después mientras paseaba detrás de la iglesia se acercó a mí, no recuerdo su nombre, aquella que trabajaba en nuestra imprenta y en nuestra biblioteca (vendía rosarios y otras cosas devocionales) y dice: ‘Padre, el río Neretva expulsó a un fraile – abajo del puente Stari most.’ Yo le digo: ‘¡Hagamos así: te pido que vayas y veas y si todavía está allí vuelve o avísame!’ No obstante, ella no volvió más. Qué sucedió y como sucedió, yo no tengo idea.”

¡Mataron a mi amigo!

Luego, después de describir brevemente las características humanas y sacerdotales de cada uno de los siete cohermanos asesinados, fray Gaudencije dio testimonio también de como él y fray Bonicije Rupčić, en primavera del año 1945, a pedido de algunos frailes de Široki Brijeg, fueron ante las nuevas autoridades y pidieron permiso para que los restos mortales de los cohermanos asesinados allí se trasladen al cementerio local. Es que los partisanos antes que en Mostar mataron en Široki Brijeg a un gran número de franciscanos y sus cuerpos simplemente los arrojaron a un refugio que se hallaba cerca del convento. El resultado de esas conversaciones fue que las autoridades no permitieron el traslado de los restos mortales. No obstante, fray Gaudencije se acordó también de parte de la conversación con destacados representantes del nuevo gobierno que en parte también estuvo relacionada a los siete frailes asesinados en Mostar. Esa parte del testimonio de fray Gaudencije dice: “En primavera del año 1945 los frailes de Široki Brijeg avisan: vayan al Departamento para la Protección del Pueblo y pregunten si podemos trasladar a los frailes asesinados desde el refugio en Široki Brijeg al cementerio de Mekovac. Pienso que avisaron eso – preguntaron fray Didak Burić y fray Mirko Ćosić que en ese entonces estaban en Široki Brijeg.

Fray Bonicije Rupčić y yo fuimos primero a la Comisión Distrital a lo del Dr. Cvitan Spužević que era un gran amigo del provincial fray Leon Petrović. Él era vicepresidente de la Comisión Distrital, fuimos a verlo y le explicamos por qué vinimos. Cvitan nos responde: ‘Por supuesto que pueden.’ No obstante, se acordó de Čedo Kapor, llamado ‘Španac’, que era secretario – y era más fuerte por su cargo. ‘Debemos ir hasta lo de Čedo’, dice Cvitan. Y vamos fray Bonicije, Cvitan Spužević y yo a verlo a Čedo Kapor.

Čedo nos recibió bien. Nos sentamos en los sillones, y Cvitan le dice a Čedo: ‘He aquí, por qué vinieron estos: piden el traslado de los huesos de los frailes a Široki Brijeg.’ Čedo enseguida responde lisa y llanamente: ‘No y no. Todavía se libran combates en Ivan-planina. Si nosotros permitiésemos que trasladen a los frailes el pueblo se reuniría y eso sería una manifestación a favor de los frailes, y una demostración contra nosotros. No, todavía no podemos permitir eso. Nosotros le vamos a ordenar a nuestras autoridades en Lištica que hagan lo necesario.’ Entonces ordenaron que el refugio se cierre y que el pueblo ya no puede entrar más.

Entonces comenzó la conversación sobre si los frailes en Široki Brijeg dispararon. ‘Escuche solamente esto, le digo yo a Čedo Kapor, hagamos de cuenta que dispararon, y usted sabe que es lo que significa ‘hagamos de cuenta’, es decir, ellos no dispararon, pero hagamos de cuenta que dispararon. ¿Entonces por qué en el refugio fue hallado asesinado por ejemplo fray Marko Barbarić, que estaba postrado enfermo y tiene ochenta (80) años? ¿Para qué iba a ir él al refugio si los frailes disparaban?’ Čedo Kapor a esas palabras mías no respondió ni una sola palabra. Y Cvitan Spužević, como si lo estuviera viendo ahora, empuja a Čedo en la rodilla y dice: ‘¡Čedo, mataron a mi mejor amigo! ¡Antes de que llegase a Mostar, mataron al provincial, al Dr. fray Leon Petrović – mi mejor amigo!’ A eso Čedo no respondió ni una sola palabra. ¡Es decir, como persona honesta reconoce que no es bueno que los frailes hayan sido asesinados!

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