Jerko (Jerolim) Skračić escritor y periodista
Jerko (Jerolim) Skračić
Jerko (Jerolim) Skračić nació en Murter el 13 de mayo de 1918 – fue asesinado por los partisanos de Tito en 1945 o en 1947, escritor y periodista croata.
Cursó la escuela primaria en su Murter natal, la secundaria franciscana en Preko y la secundaria clásica en Šibenik. El año 1940 inició los estudios de derecho en Zagreb. Fue prisionero político en Lepoglava, lo que describió en el libro Pod drugim ključem: sjećanja na život ustaških zatočenika u Lepoglavi 1940. i 1941. god. (Bajo otra llave: recuerdos de la vida de los prisioneros ustachis en Lepoglava en los años 1940 y 1941), que fue publicada el año 1942. Tras salir de la cárcel vivió un corto tiempo en Berlín, y en el tiempo del Estado Independiente de Croacia fue director de la Radio Estación en Sarajevo, luego redactor del semanario Hrvatski krugoval. Cooperó con Hrvatska revija, Glasnik sv. Ante y otras revistas. Publicó también la selección de novelas Osunčani otoci (Las islas asoleadas) en 1944 y Stihovi (Versos) en 1945. Con la llegada de los partisanos a Zagreb, Skračić partió hacia el Vía Crucis. Se supone que fue asesinado en el camino hacia Bleiburg, pero según fuentes más confiables pereció después, porque el régimen comunista lo encarceló y murió como consecuencia de los maltratos.
En este artículo se presenta la selección de novelas Osunčani otoci de Jerko Skračić. El autor ante todo presenta dos novelas que antecedieron a esa selección del año 1943. Las novelas Braco y Kolporter señalan dos rasgos dominantes de la futura novelística de Skračić: la familia como contenido y la estructura dramática del contenido. La selección Osunčani otoci tiene tres subdivisiones. En la primera, Sjene uspomena (La sombras de las memorias) J. Skračić en yo-forma trae recuerdos de su infancia. En la segunda subdivisión Osunčani otoci (Las islas asoleadas), en novelas “un día”, Skračić escribe sobre hechos y crisis de conciencia momentáneas de personas solitarias en las Islas de Kornati. La tercera subdivisión, Selo u brizi (La aldea preocupada) son romanescas, es más, historias dramáticas de la vida familiar en el cerrado mundo aldeano. Las novelas de estas dos subdivisiones están escritas en tercera persona. Una parte de las novelas de J. Skračić está estructurada de acuerdo a los principales postulados teóricos de ese tipo de prosa. No obstante, un determinado número de historias está escrito en una matriz romanesca, de tiempo más prolongado. El motivo de eso es la situación psicológica dramática de algunos personajes, principalmente acentuada por las relaciones familiares y la postura de la familia hacia el medio aldeano. J. Skračić como escritor, y según el modelo de los grandes novelistas franceses y rusos, se mantiene como testigo imparcial de los hechos. Pero no se puede no notar su empatía con la conciencia de los personajes en crisis, como así tampoco la mirada “triste e irónica” hacia el mundo en el que viven.
Sus obras conocidas:
– Pod drugim ključem: sjećanja na život ustaških zatočenika u Lepoglavi 1940. i 1941. god. (Bajo otra llave: recuerdos de la vida de los prisioneros ustachis en Lepoglava en los años 1940 y 1941) –1942
– Osunčani otoci (Las islas asoleadas) – 1944
– Stihovi (Versos) – 1945
Un grupo especial de personas se transformó en verdadera “preocupación” para los liquidadores de Tito, y esos son los intelectuales. Para tener una idea de lo que piensan los comunistas de línea dura de esa categoría de ciudadanos, es suficiente recordar lo que decía sobre ellos Lenin. A la pregunta de Maksim Gorki, que en 1919 le pidió a él que se muestre más clemente hacia unos pocos científicos, Vladimir Ulianov respondió duramente: “Esos miserables intelectuales, lacayos del capitalismo (…) se consideran a sí mismos que son el cerebro del pueblo”, pero “en la realidad eso no es el cerebro, sino mierda”. Sobre esas presuposiciones resulta claro que los croatas que no hicieron la verdadera elección pueden esperar lo peor. Desde el 18 de mayo de 1944, el poeta Vladimir Nazor anunció que todos aquellos que habían colaborado con el enemigo e hicieron propaganda a través de la palabra, los gestos o cartas, especialmente en el arte y la literatura, tienen que ser señalados como enemigos del pueblo y castigados con la muerte, y en algunos casos excepcionales también con la cárcel. Esa declaración al menos tiene el mérito de que es clara, y el cónsul francés en Zagreb, André Gaillard, en poco tiempo a eso lo llama estado del “terror rojo”.
Los objetivos de las „purgas” del Consejo Antifascista para la Liberación Popular de Yugoslavia se implementan muy rápidamente y sus efectos son aterradores. En Bleiburgu, como así también en todas las partes de Croacia, se inauguró la caza de los intelectuales inaptos. En esa turbulencia desaparecen los escritores Mile Budak, Ivan Softa, Jerko Skračić, Mustafa Busuladžić, Vladimir Jurčić, Gabrijel Cvitan, Marijan Matijašević, Albert Haller y Zdenka Smrekar, como así también los poetas Branko Klarić, Vinko Kos, Stanko Vitković e Ismet Žunić. Aquellos que esquivaron la muerte reciben largas condenas de cárcel, como Zvonimir Remeta (de por vida), Petar Grgec (7 años), Edhem Mulabdić, Alija Nametak (15 años) o Enver Čolaković. Gracias a la relativa suavidad, algunos lo pasan mejor, como ser los poetas Tin Ujević, Abdurezak Bjelevac, o bien el historiador Rudolf Horvat, a quienes se les prohíbe publicar.
Por su parte los periodistas, debido a que se los considera especialmente dañinos, viven una verdadera masacre. Fueron asesinados: Josip Belošević, Franjo Bubanić, Boris Berković, Josip Baljkas, Mijo Bzik, Stjepan Frauenheim, Mijo Hans, Antun Jedvaj, Vjekoslav Kirin, Milivoj Magdić, Ivan Maronić, Tias Mortigjija, Vilim Peroš, Đuro Teufel, Danijel Uvanović y Vladimir Židovec. Sus colegas, como lo era Stanislav Polonijo, desaparecen en Bleiburg o son condenados. A largas penas de prisión fueron condenados Mladen Bošnjak, Krešimir Devčić, Milivoj Kern-Mačković, Antun Šenda, Savić Marković Štedimlija, el sacerdote Čedomil Čekada y Theodor Uzorinac.
La represión afecta en gran medida. Lejos de eso de que los periodistas y escritores son los únicos que pasan por el tamiz y la zaranda de la Comisión Encuestadora para la Determinación de los Crímenes de Colaboración Cultural con el Enemigo. “Un gran miedo”, según palabras de Bogdan Radica, gobierna en Croacia, en la que miles de ciudadanos están obligados a responder a las preguntas inquisitorias (el famoso Cuestionario). Artistas, científicos, jueces, médicos, personal de hospitales, miembros de instituciones científicas y deportivas, todos están en la meta, y para aquellos que no satisfacen las nuevas reglas, el castigo es inmediato. Entre aquellos que fueron duramente “castigados” mencionemos al arquitecto Lovro Celio Cega, al diplomático Zvonko Cihlar, al banquero Emil Dinter, al ingeniero marítimo Đuro Stipetić (rector de la Universidad de Zagreb) o a los médicos Šime Cvitanović y Ljudevit Jurak – todos ellos fueron asesinados.
Para los músicos las condenas son más livianas: el compositor (franciscano) Kamilo Kob recibe 6 años de cárcel, y su colega Zlatko Grgošević seis meses de trabajo forzado; el famoso maestro Lovro Matačić pasa 10 meses detrás del alambre, mientras que su colega Rado degl’Ivellio es echado del Teatro Nacional. El pintor (y sacerdote) Marko Ćosić es condenado a 10 años de cárcel, y el escultor Rudolf Švagel-Lesica a 5 años. Más afortunados fueron los pintores Oto Antonini, Ljubo Babić y Rudolf Marčić, a quienes sencillamente les prohibieron exponer. La limpieza que inició la policía política es realmente sistemática, de tal manera que distintas personas, que a menudo no son ni un poco politizadas, van a la cárcel, como por ejemplo el cantor Viki Glovacki, el fotógrafo Ljudevit Kowalsky, el geógrafo Oto Oppitz, el financista Branko Pliverić o el orientalista Hazim Šabanović.
Los comunistas queman los libros y limpian las bibliotecas de autores problemáticos
Esa limpieza de una brutalidad nunca vista causa un profundo trauma en la sociedad croata, más aún porque la acompaña la emigración masiva y permanente de aquellos que lograron pasar a través de la red. Mencionemos como los comunistas, para finalizar el trabajo de aculturación, continúan al mismo tiempo con la limpieza de las bibliotecas, sean públicas o privadas, para apartar todas las “malas” referencias. De esa manera se atacan las obras de los “ustachis” (incluidas también las ediciones de Racine, Hugo o Dostoievski, cuyo único “defecto” es que usan la ortografía oficial del Estado Independiente de Croacia) como así también los „libros enemigos”, es decir todos aquellos que están escritos en idioma italiano o alemán. Se eliminan los textos de Nietzsche, Kant y Dante, como así también las traducciones de Esquilo, Homero, Sófocles, Eurípides y Tácito. El jefe de los agitadores, Milovan Đilas (futuro mimado de los liberales de Saint-Germain, barrio intelectual de Paris donde se juntan los izquierdistas) propone en enero de 1947 que se tiren los libros de Roald Amundsen, como así también las obras de Bernard Shaw y Gustave Flaubert. Para aquellos que se desean cultivar, quedan en todo caso las obras de Marx, Lenin y Dietzgen o de los nuevos jefes reflexivos como Đilas, Kardelj y el “Tío” Janko (Mosha Piade).
Después de este panorama breve y aterrador, parece que tal vez, y eso sin exagerar, las purgas comunistas en Croacia se pueden llamar aristocidio. La cruel y loca “caza de brujas” nunca tuvo como objetivo castigar a unos “criminales fascistas”, sino eliminar a la inteligencia supuestamente enemiga y de esa manera privar a Croacia de sus posibilidades, pero también vaciar la casa y darle lugar al nuevo régimen. Lamentablemente, esa operación cumplió perfectamente su objetivo, así que Croacia va a necesitar más de 25 años para construir la nueva élite digna de ese nombre, y después de eso 20 años más para salir finalmente de la pesadilla yugoslavo-comunista.
Fuente:
del libro Hrvatska 1945: obezglavljeni narod (Komunistički aristicid nad Hrvatima) – Croacia 1945: el pueblo descabezado (El aristicidio comunista contra los croatas), Christophe Dolbeau – tradujo Tomislav Sunić.
Redacción/crímenes comunistas


